El juego libre y tiempo no estructurado potencian la autoestima, las funciones ejecutivas y las relaciones sociales

 

Los padres hoy en día apuntan a sus hijos a actividades extraescolares pensando que si están en casa están perdiendo el tiempo y piensan que hoy es muy importante aprender ajedrez, idiomas, judo, música, etc. Temen también que si llegan a casa, lo único que les llama la atención son las pantallas. Y a esto hay que añadirle la presión de los deberes

Estudios científicos revelan que el factor que más favorece el desarrollo global de los niños a futuro es poder disfrutar de juego libre y tiempo no estructurado.

Para que se de el juego libre, el niño necesita tiempo y tiempo no estructurado por el adulto. En un tiempo y espacio donde solo o con un amiguito se organizan un juego, es cuando los niños dan rienda a su imaginación, se organizan, resuelven conflictos que hacen florecer en el juego, desarrollan relaciones sociales, desarrollan estrategias cognitivas, de lenguaje, descubren y entienden diferentes emociones, intentan entender la realidad y favorece la autoestima.

El intento de los padres por controlar el juego de sus hijos por medio de juegos educativos o proponiendo lo que ellos imaginan que es mejor para sus hijos, no es beneficioso porque no permite desarrollar lo antes dicho. Un juego semiestructurado o semidirigido no es simbólico ni creativo.

Las pantallas NO son juego libre, no sirve para desarrollar las herramientas mentales antes mencionadas. Sirven para desarrollar otras habilidades, pero no relacionadas con el mundo real del niño.

El niño a través del juego entiende su realidad y para poder entenderla, tiene que jugar con otros amigos y con juguetes reales o crearse él los suyos a través de materiales.

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